sábado, 10 de diciembre de 2011
Una isla mamera
sábado, 3 de diciembre de 2011
Una Historia sobre Ballenas
Era nuestro primer despertar en Madryn, el Juli nos había recibido en su gran hogar y el día prometía menos de lo que nos daría, el Puyehue estaba haciendo de las suyas y sus consecuencias llegaban hasta donde estábamos; pero a medida que pasaban las horas, arriba en lo alto, las cenizas se habían tomado un descanso, y el Sol, esa magnífica bola de gases incandescentes nos regalaba su mejor sonrisa. Cómo no venerarlo? si nos estaba ayudando a disfrutar de Bahía Grande; arena, mar, amor, calor, desimportancia por lo que sucediera a nuestro alrededor.
Sentados en la playa y evaluando la dirección de nuestro día, ya varias horas teníamos sin separarnos mas de tres metros entre nosotros. Quizás es por eso que alguno se fue a quemar calorías, otros se fueron dejar sus huellas en la arena, y el día se hacía cada vez mas noche, y la noche se hacía cada vez mas linda. Comimos alguna comida improvisada y nos tiramos a ver un hermoso paisaje de gaviotas y mar… por horas y horas; esperando que se hiciera la hora de ir al cine. La película que vimos nos dejó un claro mensaje de paz, al decidir no putear al Juliancito por habernos hecho ir. Y nuestro día termino en algún bar de Puerto Madryn acompañando el fin de una cerveza helada.
Que tal buen día?; Buen día!; Nos gustaría hablar con el director o directora de la clínica; Y cuál sería la razón muchachitos?; Si, somos tres médicos de Mendoza y nos gustaría ver si hay la posibilidad de tener una entrevista con el director o directora de la clínica; Haaa… qué lindo, de Mendoza? de que parte?; Del centro de Mendoza; Si, yo en realidad soy de Neuquén, pero estudié en Mendoza (esta última es una frase que el Javi decía cada vez que le preguntaban de donde era, con el tiempo no sabemos si se dio cuenta de que en realidad no era de Neuquén sino de Mendoza, o se cansó de dar explicaciones del porqué de su desarraigo y se encontraba ahora con nosotros, formando un este grupo que día a día iba tejiendo un destino desordenado y sin dirección cierta, pero dejó de decirlo-explicarlo); Haaa… que liiindo...blan blin blun; la conversación siguió unos minutos mas sin ningún contenido memorable, pero conseguimos esa entrevista, y mientras una linda secretaria nos acompañaba, nosotros le agradecíamos a nuestras mentes el estar lucidas.
Sin embargo, en ese mismísimo instante, en los dominios indomables de la naturaleza: Las nubes competían con el viento para ver quien hacia el día mas olvidable, un cielo gris y un termómetro cabisbajo señalaban lo poco que le importábamos al clima... y nosotros preparándonos para luchar una vez mas en un campo de batalla que ya no nos era tan desconocido, pero igual nos ponía nerviosos, “siempre unidos, siempre hacia adelante, tus ideales en una mano, tu corazón en la otra… y el fuego de tu alma quemando tus ojos y tus palabras!!!!.
Hola como les va? mi nombre es May; Encantados, un gusto, muy linda la clínica; Gracias, es una empresa familiar, mi mama es la dueña y mi tio se encarga de la contabilidad; Ha que bueno... Y asi hablamos como por una hora de cosas que no llegaban a ningún lado, nos pasamos los teléfonos y quedamos en una entrevista que nunca se concretaría. Por el simple hecho de que la aventura no debía terminar ahí, debía seguir, quedaban pensamientos por descubrir y luchas por ganar, no era nuestro lugar, era simplemente pasar por la ciudad, dejar una huella invisible y seguir hasta chocar con la pared, con el fin del mundo, con concretar nuestros sueños para tener unos nuevos.
Pero aunque ustedes no lo crean y yo trate de hacerles este relato lo mas increíble hasta donde mi vocabulario callejero y medio inventativo me lo permite, esto no era lo mejor de Madryn… lo mas interesante no pasaba sobre el suelo firme, si no que ocurria en otra dimensión, en un mundo ajeno a los pulmones, a la sed, al viento y la suciedad. Ahí en ese lugar, se encontraban las criaturas mas extrañas jamás vistas por mis ojos, las veíamos a lo lejos, empezábamos a conocerlas, a admirar y a imaginar que llegan a medir hasta 18 metros de largo y pesan varias toneladas, y sin embargo se mueven como ballenas en el agua (porque se mueven solo como ellas, no existe un aforismo para compararlas, no hay animales de varias toneladas sobre la tierra que salten metros de altura, o se muevan a altas velocidades sin tener piernas!!!... no es como comparar a Messi y decir que se mueve en la cancha como pez en el agua, Me entienden?.
Mama? que hacen esos tres chicos corriendo por la playa como desaforados hacia nosotros, se van a lastimar y les va a dar frio si entran al agua, aparte no tienen aletas y son bastante fieros… y flacos (todo esto en idioma ballenil, no conozco su lenguaje con exactitud, pero es muy probable que existan estas palabras en su alfabeto); No te preocupes hijo mio hermoso, esos chicos que los ves correr de un lado para otro, saltando, haciendo gestos con sus manos para que nosotros saltemos, solo están contentos por vernos; Y por qué?; Esa es algo que siempre nos preguntamos cada vez que venimos a estos lugares, pero nunca lo sabremos, lo mejor es que sigamos haciendo nuestra vida y no le demos pelota; Bueno Ma, puedo ir y saltar sobre el agua unas tres veces; Por supollo mi chiquitín juguetón, andá y disfrutá.
Suponemos que las ballenas estaban diciendo eso, por lo menos es lo que nosotros diríamos estando en su situación. Que mas les puedo decir, nuestro primer día en El Doradillo fue mágico, es como si hubiera durado 100 hs, el tiempo no existía, el viento, las nubes, las cenizas, todo eso solo hacían del día un momento aún mas espectacular. Pero bueno, en algún momento había que volver. Aparte era tarde, el viento empezaba a soplar con todas sus fuerzas y lo peor es que generaba una atmosfera densa, oscura y gris junto con las cenizas volcánicas, que a esa hora estaban ocupando la mayor parte de nuestra inspiración, pero no de nuestra espiración, por lo tanto el momento de volver a casa era ese, no podíamos hacer nada contra la naturaleza, que nos mostraba su peor cara y nos invitaba a retirarnos a nuestra humilde morada. Y emprendimos la vuelta a casa...
Ya en lo de Juli, cansados después de un día agitado y de muchas emociones, esperando que se haga la hora de comer, calentitos, resguardados del viento y las cenizas, abrigados, charlando de lo lindo que fue el tiempo que pasamos juntos y de estar mas tranquilos ya… esperen un momento… esto no fue lo que pasó… ahora que lo pienso, vienen a mi mente imágenes confusas en las cuales algunos de nosotros tuvo una de las ideas mas brillantes en uno de los entornos de mayor oscuridad jamas vividos por nuestras mentes… en un instante mientras volvíamos, decidimos ir a pescar calamares.
Claaaro!, ahora recuerdo… No estoy del todo seguro (cuando lo he estado?, el impulso me mueve), pero creo que fue un momento en el que nos dimos cuenta que los calamares se comen los huevos de los peces, por lo tanto, si esto ocurre disminuiría la población de estas aves del mar, y eso haría que los pescadores no pesquen tanto (valga la redundancia). Esto provocaría un impacto a nivel familiar muy grande, porque se separarían las familias de los pescadores por falta de sustento económico y los chicos crecerían en un hogar dividido por el dinero, lo que nos llevaba a pensar que estos infantes nunca pensarían que la gente esta junta por amor, y ese sería el comienzo del fin del amor en el mundo…
Algo había que hacer… ir a pescar calamares.
Asi que por lo tanto para resumir esta primera parte les voy a decir unas pocas cosas, el viento soplaba tan fuerte que nos tiraba la mesa, las cenizas del volcán griseaban nuestra piel y nuestro pelo; la temperatura era de unos 10° C y por supuesto, no teníamos la mas mínima, puta, zorruda idea de cómo usar una caña de pescar y mucho menos de pescar calamares, por lo que no pescamos ni siquiera un calamar viejo, senil, que apenas pudiera moverse, ni siquiera eso.
Preocupados hasta el día de hoy, el Juli nos mantiene informados sobre el amor en Puerto Madryn, por suerte hasta ahora no ha habido cambios y las familias se mantienen unidas, pero es un tema que nos preocupa por las noches a la hora de ir a acostarse.
domingo, 3 de julio de 2011
Atravesando la 25
Pero no, había que levantarse, armar los bolsos, cargar el auto, desayunar, revisar que no quedara nada, pagarle al señor de la cabaña, llamar a defensa civil; Hola, buen día; Defensa civil, buen día; Si, te quería hacer una consulta; Como no, decime; Estamos por salir hacia Madryn, hay hielo en la ruta?; Para nada, está bellísima la ruta y el día, vayan tranquilos; Gracias, muy amable; Al contrario, es un placer. Termino de hablar y Javi me pregunta si estaba todo bien. Si man, démosle para adelante. Y el Ka, el albóndiga gris, partió una vez más hacia un camino que ya estaba hecho, pero que para nosotros no existía hasta ese momento.
Hablando un poco de todo, más que todo de nada, salimos en busca de la RN 25, un camino que atraviesa todo el país a lo ancho a la altura de Chubut, algo increíble si se lo piensa. Imaginar que en la mañana uno esté bajo la imponente mirada de una montaña indiferente, una montaña que no te permite sentirte nunca a salvo de tus recuerdos, donde el silencio y el reto de la naturaleza resuena todo el tiempo en tus oídos y llega al alma. Yo creo que si uno es una persona que le debe mucho a su conciencia, la montaña no es el mejor lugar para pagarlo. Dia tras dia, hora tras hora, segundos tras segundos que no existen, la montaña nos recordará el porqué fuimos a parar ahí.
Y una vez más recorriendo la extensa tierra que es de todos y a su vez no le pertenece a nadie. Otra vez las nubes, las montañas, el asfalto y el Sol son nuestros compañeros ruteros. Que decirles del paisaje, uno lee en algún texto de interés geográfico y recibe la increíble noticia de que la estepa del Chubut es uno de los lugares más inhóspitos del planeta. Imaginen nuestra sorpresa, no porque estemos haciendo algo imposible, sino por el hecho de que en algún momento alguien trató de unir las montañas de Esquel con el mar del golfo nuevo, y lo hizo a través de tierras en donde solo los reptiles mas grandes de la historia de la naturaleza pueden haber sobrevivido. Montañas de todos colores, plantas que se burlan del viento mientras el viento las molesta por ser tan petisas. Arroyos escondidos, nubes a metros del suelo, como si el cielo estuviera prohibido para ellas. El celeste imponente y el Sol majestuoso en las alturas.
Después de varios kilómetros desérticos, aparece el rio Chubut, como haciendo una curva peligrosa evita chocar con la ruta, asi se presenta ante nuestros ojos. Uno ve esa agua tan transparente y fresca y su primer anhelo es bañarse. Uno sale del auto y su primer pensamiento es volver adentro. El viento y las bajas temperaturas detienen nuestros deseos de aunque sea mojarnos las patas. De todas formas nos bajamos en una formación rocosa a orillas del rio y nuestro sentido de explorar una vez mas conquisto nuestras acciones, y cada uno se perdió por unos minutos. Nos separamos y nos fuimos a explorar este pequeñito pedazo de tierra inhóspita. Es inútil contarles que pasó por nuestras mentes, eso ya quedó en ese lugar. Habremos estado una media hora caminando, saltando, corriendo, tirando piedras, escalando, siendo primitivos en nuestras acciones y a la vez reencontrándonos con la soledad del alma, nuestra y de la de todos los que pasaron por ese lugar.
Hora de seguir viaje. El Ka en marcha, Madryn hacia el este. Un par de estaciones más adelante cambio de conductor. El auto va muy bien, tiembla un poco a los 120 km/h pero es por las valijas. Buen tiempo, si seguimos asi llegamos a la casa del July a las 19. Ruido extraño en lado derecho del auto, paramos a un costado de la ruta, nos bajamos con la certeza de lo que íbamos a encontrar. Y asi fue. Cubierta trasera derecha hecha trapitos de caucho inservible. La cambiamos sin mas problemas, pero el problema es que la delantera izquierda tiene algunas pequeñas rajaduras que vaticinan un final similar a su hermana anteriormente cambiada. La única solución posible era que en Las Plumas (un pueblito a 60 km de distancia) hubiera una gomería abierta. Ese era nuestro próximo destino. Velocidad: 60 km/h.
Y asi fue como a eso de las 18 llegamos a un pueblo de 800 habitantes, olvidado por cualquiera que alguna vez pasó por ahí. Pero por suerte la suerte siguió de nuestro lado. Y encontramos a Oscar, el gomero del pueblo, quien antes trabajaba para el que ahora es dueño del negocio de las cubiertas del pueblo, quien después de un tiempo de ser el jefe de Oscar decidió cerrar la gomería. Esto le permitió a Oscar poder abrirse su propia gomería. Habremos estado algo mas de una hora en Las Plumas. Podríamos haber estado menos, pero era un domingo en Las Plumas, un lugar donde la siesta se extiende hasta pasadas las 6 de la tarde. Ya con una cubierta usada a la que le pusimos una cámara, un auxilio que poco de auxilio tenía, retomamos la 25. Pero esta vez, por la noche y por el hecho de que nuestras cubiertas no eran para nada confiables, la velocidad nunca superó los 90 km/h.
Noche, oscuridad, noche, oscuridad. Es todo lo que les puedo decir de la estepa chubutense a partir de Las Plumas. Eso fue lo que vivimos por mas de dos horas, DOS LARGAS HORAS…
Llegamos a Trelew, la ciudad de las rotondas inexistentes, no vimos una sola en toda la ciudad, pero todo el mundo nos hablaba de rotondas como si fueran tan abundantes como las estrellas en el cielo. Y después de tanto dar vueltas pudimos agarrar la RN 3, y Madryn se encontraba a solo 50 km de distancia, eran las 22, llegaríamos a eso de las 23. Si contamos el hecho de que supuestamente íbamos a llegar a las 7 de la tarde pero afrontando la realidad de que nunca llegamos a una ciudad antes de las 10 de la noche, estábamos bien.
lunes, 13 de junio de 2011
Atrás quedó el negro Roldán, Rosa, y algunos otros personajes un poco siniestros. Bariloche a nuestras espaldas, Esquel hacia abajo, y entre los dos las rutas 258 primero y la 40 después. A mitad de un camino lleno de lagunas de nubes, montañas flotantes y peligro de hielo está el Bolsón. Una comunidad en donde parece que todavía no llegó la masividad; no nos quedamos mucho más de unos escasos minutos, y después de unas empanadas que por arte de magia se transformaron en tarta de verduras, seguimos viaje.
Parecía que de un momento a otro una tormenta catastrófica nos alcanzaría, pero una vez más el clima se puso la camiseta del viaje. El cielo se despejó, el Sol iluminó y el cuenta-kilómetros empezó a hacer su trabajo.
Así que aquí estábamos una vez más los cuatro, yendo a un destino que todavía no estaba escrito. Fueron pasando los metros de a mil y Esquel cada vez más cerca, con la promesa de un corderito a las llamas. Qué decir del camino, simplemente perfecto, montañas hermanas de nuestra cordillera, pero más petisas y con algunos árboles, nubes jugando con el Sol a las escondidas y la sombra del Albóndiga sobre el costado de la ruta. Era uno más del paisaje, uno más de nosotros, es nuestra casa por esos largos tramos.
Seis de la tarde, empieza a aparecer Esquel, un pueblo estampado en la montaña, destinado a vivir lejos de la ciudad, con la condición de vivir siempre en el frio. Encontramos una linda cabañita que sería nuestro hogar por una noche y partimos a cumplir nuestra promesa.
Al primer lugar que entramos, algún despreocupado del frio nos quiso vender algo de grasa de primera, y después de unas idas y vueltas… una carnicería nos vetó de por vida. Fuimos a una segunda, de la que escapamos sin siquiera decir hola. La tercera fue la vencida, aunque maso; en vez de cordero tenían capón, la diferencia se siente al comerlo. La preparación fue lo más interesante…
Nota aparte: mientras nos disponíamos a preparar el capón, una lluvia de mensajes y llamadas empaparon nuestros celulares. El volcán Puyehue había hecho erupción. Bariloche estaba cubierto de cenizas! La suerte una vez más estuvo de nuestro lado, partimos al mediodía de San Carlos y a las cinco de la tarde el susodicho cerro explosivo decidió compartir su desdicha con todo lo que lo rodeaba. Estábamos bien, habíamos escapado a tiempo. Unos llamados nos confirmaron que nuestros nuevos amigos en Bariloche también estaban bien. A seguir con el capón…
La primera complicación, el pincho es muy corto; Que lo atemos a la parrilla; Que necesito alambre. El pobre capón terminó con un pincho atravesado, atado a la parrilla…y con alambre. Fuego prendido, costillas en su lugar, nubes también. Lluvia en Esquel, fría, mojada, molestando a nuestro asado de cordero. Parecía que el horno iba a tener que tomar la posta, pero con un pedazo de cartón y nylon que cubre el equipaje, el cordero estaba a salvo… y nosotros también.
Y así pasó el tiempo una vez más, nosotros tres frente el fuego, el albóndiga detrás nuestro, la lluvia haciendo su parte y el recuerdo de tantos asados y juntadas con amigos que tan grabados están en nuestros corazones. Y la idea de seguir bajando, seguir viajando, seguir buscando recuerdos para contar a nuestro regreso, un regreso que todavía no se escribió, una aventura que recién empieza.
Ha! Me olvidaba, el capón tiene más grasa que un basurero de una clínica de liposucción, pero igual salió muy rico, gracias a las manos mágicas de nuestro asador…
viernes, 3 de junio de 2011
Una Historia de Villa
Villa la angostura, 30 de mayo del 2011.
Salió el sol y decidí salir, nos habíamos despertado un poco tarde y tomamos el desayuno a la hora en que todos o la mayoría está almorzando. Ya era hora ya era de respirar ese oxigeno que me parece no se consigue en todos lados, por lo menos no de donde vengo.
Llegué donde reposaba el Javi, un arbolpiedra que parece haber estado ahí desde siempre, o quizás desde antes de siempre, me senté por ahí cerca y esperé. Habré caminado unos trecientos o cuatrocientos metros, atrás mío quedó una cabaña en donde nada estaba hecho al azar. Se pensó hasta el último detalle; la chimenea celosa de su humo, generosa con su calor; los ventanales que pintaban al Nahuel todos los días de una forma distinta, nunca igual, nunca repetida, siempre maravillosa; es un hogar, nuestro hogar por el tiempo que estemos ahí y por el tiempo que lo recordemos.
Retomando, lo vi al Javi. Hola Javier; Todo bien vieja?; Si, hable con el doc; Si los escuché desde acá; En serio?; Si, y qué onda, qué dijo?; Que nos está esperando y quería saber por dónde andábamos y como estábamos; Huy! Buenísimo; Si de una. Después de esa breve charla cada uno retomó la discusión que parecía llevar con su adentro y no nos hablamos más. Unos minutos después Javi se levantó, levantó su mano y como quien dice vuelvo en un rato largo, hizo un firulete manístico y se alejó. Me quedé solo?
El viento empieza a cambiar de dirección y el Sol se refleja sobre un cristal esmerilado mientras algunas nubes lo custodiaban sobre un manto celeste. Estoy sentado sobre una piedra que de cómoda no tiene nada pero no me importa, aun así tengo que agacharme para ver las montañas que alguna vez estuvieron pintadas de blanco. Me agacho porque el árbolpiedra me tapa la visión directa con una de sus ramas.
El lago comienza agitarse; se me viene a la mente alguna melodía épica, llena de aventureros y conquistas, luchas medievales, espadas y honor, flechas y traición. Y de repente, como si la superficie del agua empezara a hervir, se abre un hueco y de las profundidades del lago emerge lo que a lo lejos parece ser un hombre sobre un caballo. El brillo que brota de la figura misteriosa enceguece mis ojos mientras se acerca galopando o nadando sobre el agua. Me quedo inmóvil, sentado sobre mi piedra, no estoy asustado. Se detiene en la orilla.
Parece ser un hombre alguna vez muy importante, ahora olvidado. Tiene una armadura brillante, hecha de piedras preciosas, monta un caballo con forma de equino, pero tiene aletas en vez de patas y su color no se diferencia del agua. Me mira, sus ojos están tristes, perece que llora, yo lo miro a los ojos, me levanto y comienzo a acercarme lentamente, sigo tranquilo, no estoy asustado, debe medir unos dos metros de alto, con una espalda ancha pero cansada. No hablamos, no intentamos decir ni hacer ningún sonido, probablemente no nos entendamos. Él está solo en este mundo, se lo nota viejo, cansado, sus largos mechones blancos comienzan a brillar mientras empieza a desvanecerse sobre la orilla. Lentamente se va haciendo menos tangible y más ausente. Me acerco aún más y estiro mi mano pero ya es tarde. Ha desaparecido.
No tengo miedo, estoy triste. No sé cómo recordarlo, cuál era su nombre, si es que acaso tenía uno. Me pregunto si lo que vi fue real, no lo fue (me convenzo), estoy cansado, ha sido un viaje largo, tanta naturaleza me está volviendo loco. Pero estoy seguro de lo que vi hace unos instantes.
El agua sigue agitada, el Sol en lo alto sigue brillando, pereciera que con más fuerza, el aire no es el mismo, empiezo a sentir murmullos, los siento pero no los escucho. Miro a mi alrededor, empiezo a notar como si los árboles me desafiaran, están sobre mí. Me estaré volviendo loco? Empiezo a sentir que no pertenezco a este lugar, que los árboles, el agua, las montañas, el Sol, El Sol! No me quieren aquí. No sé qué hacer, empiezo a desesperar, un impulso siniestro hace que me arranque toda mi ropa, quedo completamente desnudo. Estoy parado, desnudo de pies a cabeza, no siento el frio, estoy parado frente a ellos; Qué quieren de mí!!! El viento golpea mi cuerpo y entonces agarro una piedra y la arrojo contra unos árboles con todas mi fuerzas. Siento que golpea y en ese momento exacto algo golpea mi brazo, caigo al suelo, mi hombro tiene la marca de la piedra que arrojé. Desconcertado, adolorido, desesperado empiezo a golpear el suelo, las piedras, y ahora es mi espalda la que recibe los golpes. Cansado me desplomo, mi cara da contra una piedra y golpeo mi nariz. No sangra, pero unas gotas de lluvia mojan mi cabeza, están calientes, miro al cielo y está despejado… me quedo quieto por un momento… me arrodillo… lentamente me levanto… estoy quieto, estoy desnudo, no me muevo, pero siento movimiento… sigo inerte… no veo, no tengo frío…
Un dolor desgarrador! Miro mi pecho, está abierto, de este brota un líquido negro desde lo profundo de mi ser, mis ojos no distinguen nada, estoy llorando, estoy agotado, mis piernas se quiebran como si fueran de madera vieja, el líquido que hasta hace un momento salía de mi pecho empieza a quemar mi piel, estoy muriendo…
Siento unos pasos que se acercan con dificultad, abro los ojos y veo al caballero con su armadura brillante caminar hacia mi persona que yace en el frio suelo a orillas del lago. Me mira con indiferencia, con sus cansados brazos me gira bruscamente, estoy boca arriba, quiero defenderme pero no puedo mover un solo músculo de mi cuerpo. Mete su mano en mi pecho y sin perder un solo segundo arranca mi corazón. Lo veo desde el suelo, está podrido, despide un olor asqueroso.
Lo levanta y murmulla unas palabras que no entiendo y mi corazón empieza a arder rápidamente. Las cenizas que se van formando empiezan a viajar con el viento que empieza a soplar más y más fuerte. Empiezo a perder la conciencia, mi cuerpo empieza a enfriarse, no siento vida dentro de mi ser, estoy muriendo. Con mis últimas fuerzas veo al caballero tomar una piedra filosa del suelo, me mira por última vez y se la clava en el pecho, sus ojos lloran de dolor, pero no grita, no dice nada; muero, me desfallezco; quiero ayudarlo, levantarme, preguntarle mil cosas. Ya nada importa, los dos estamos muriendo y nada va a cambiar eso.
Una bocanada de aire fresco hace que me despierte, abro mis ojos, lentamente la luz se va haciendo más tenue y empiezo a distinguir a mi alrededor. Muevo mis manos, mis piernas. Logro levantarme con mucho esfuerzo, mi cuerpo arde de dolor y siento mi pecho a punto de estallar.
El caballero yace sobre el suelo, está boca arriba, sus labios dibujan una sonrisa y sus ojos están serenos. Está muerto, pero lo veo tranquilo y feliz. Su pecho está abierto, miro dentro, está vacío.
Ya no siento dolor, no siento desesperación ni tristeza. Todo lo que ahora me rodea ya no me desafía, siento que soy uno solo con este lugar.
Empiezo a correr con todos mis fuerzas, a donde sea que valla ya nunca más me alejaré de aquí.